Miel Sin Fronteras: La labor de las abejas sostiene la vida y la alimentación en la frontera

EL PASO, Texas – Si mañana desaparecieran las abejas, pronto desapareceríamos nosotros. Más allá de una frase poética, esta es una realidad científica que preocupa a expertos y apicultores: sin abejas no hay polinización y, sin polinización, no hay alimentos.
En el Rancho Furlong, ubicado en la frontera entre Texas y Chihuahua, la apicultura se ha convertido en una actividad vital para mantener el ecosistema productivo del desierto. Aquí, cada abeja cumple una función específica: nodrizas que alimentan larvas, obreras que recolectan néctar y guardianas que protegen la colmena, mientras la reina pone hasta 3,000 huevos al día.
“Su mayor función es polinizar. Sin abejas no hay vida. La abejita va y poliniza una flor, y la flor se convierte en semilla o en fruto, y básicamente de eso existe el mundo”, explicó un apicultor.
La historia de este rancho comenzó casi por accidente, cuando una abeja picó a la esposa del dueño en su casa y decidieron buscar un lugar donde instalarlas. Con el tiempo, el proyecto creció hasta convertirse en un centro de producción de miel y polinización con colmenas distribuidas estratégicamente, rodeadas de flores sembradas especialmente para su alimentación, como el palo verde.
“Entre dos y tres semanas revisamos las colmenas, principalmente la salud, que estén saludables”, añadió otro trabajador. Además de las abejas, el rancho cultiva alfalfa, avena, trigo y sorgo, cuyos ciclos dependen en gran medida de la polinización.
Cada cuadro de miel se inspecciona cuidadosamente, se limpia de abejas y se lleva al laboratorio, donde se extrae la cera y la miel se libera mediante centrífugas. Se calcula que una abeja, en sus tres o cuatro semanas de vida, produce apenas una cucharada de miel.
Pero detrás de este proceso, el Rancho Furlong revela una realidad que conecta la labor de las abejas con la de miles de fronterizos que cruzan la frontera para trabajar en el campo.
“Yo soy de un pueblo del Porvenir, municipio de Tragedis, Chihuahua. Voy y vengo todos los días, me queda relativamente cerca, está a aproximadamente 30 minutos de aquí, y vengo todos los días”, contó un apicultor.
Ambos, abejas y trabajadores, sostienen la producción alimentaria en la región. Sin embargo, las abejas enfrentan amenazas como el uso de pesticidas, el cambio climático y políticas que dificultan su existencia. “Usualmente, cuando las abejas migran van de paso y no atacan a la gente, no son dañinas, no son seres malos. Nomás van de paso, déjenlas seguir su camino para que sigan contribuyendo al mundo”, explicó un trabajador, subrayando la importancia de respetar a quienes considera parte esencial de la cadena de suministros.
Aunque para algunos la labor que hacen podría parecer sencillo, su desaparición detendría el campo. “Son obreras igual que nosotros. Venimos a tratar de mejorar el mundo, el rancho en este caso. Trabajadores 100%”, dijo otro apicultor.
En Rancho Furlong, la fuerza que mantiene vivas las comunidades no distingue entre el zumbido de las abejas y el paso firme de los trabajadores. Ambos son esenciales en un sistema donde la vida, la alimentación y la economía dependen de la labor silenciosa y constante de quienes no siempre son vistos, pero siempre son indispensables.